Las redes sociales no son la solución a tu soledad

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    La falta de comunicación profunda con los demás

    Las redes sociales y la comunicación digital no son la solución para la soledad. Es cierto que aparentemente cada vez estamos más conectados, pero no es menos cierto que esa conexión es cada vez de peor calidad. La soledad no se produce por una falta de contacto con otros, de hecho, podemos estar rodeados de multitudes y podemos seguir sintiendo ese profundo sentimiento de estar solos.


    En verdad, la soledad es la falta de conexión ÍNTIMA Y ESPIRITUAL con otras personas. Si tenemos conexión, pero sólo desde un plano superficial, nos seguiremos sintiendo profundamente solos y desamparados.


    Y ahí es donde radica el verdadero problema. Las redes sociales son efectivamente un canal de comunicación, no cabe duda, pero es una comunicación de muy mala calidad. Nos relacionamos más, incluso en exceso, pero solo en un plano superficial, banal y vacío. Y eso, lejos de solucionar nuestro sentimiento de estar solos, nos lo intensifica sobremanera.

    Cuando vemos que nos relacionamos con muchísimas personas, pero que ninguna de ellas nos pregunta ni tan siquiera por cómo nos sentimos, tendemos a la desesperanza, a pensar que a nadie más importan nuestros problemas, y que nuestro sufrimiento es transparente al resto. Y esto, justo esto, es la definición exacta de soledad: un profundo sentimiento de desamparo, de abandono por parte del resto de personas que nos rodean. Una falta absoluta de conexión profunda con los demás.

    Por eso es de vital importancia entender que la soledad no se sana rodeándose de más personas, ni mucho menos teniendo más amigos en redes sociales. La verdadera soledad se cura cuando somos capaces de mantener conversaciones profundas con pocas personas, cuando sentimos conexiones especiales con los demás y también con nosotros mismos. Porque a veces, la soledad es más un estado interior que exterior, y por tanto la solución la debemos buscar dentro de nosotros y no en las redes sociales.

    Por eso nuestro consejo de hoy a todos nuestros amigos clandestinos es que seáis muy selectivos con los “contactos” que establezcáis. A veces comunicarse con las personas incorrectas, es mucho peor que no comunicarse. Debemos buscar aquellas personas que nos hacen bien, que nos confortan, que nos hablan desde un plano más profundo, más sensible, o simplemente con las que conectamos.
    Alejarnos de lo que nos parezca superficial, de lo banal es una buena elección. Eso no quiere decir que no podamos tener amigos para reírnos o pasar un rato divertido. Todo lo contrario. Cuando estamos con las personas correctas, todo fluye, somos nosotros mismos y no tenemos que falsear nada. Si reímos, reímos, si lloramos, lloramos.

    Aprender a comunicarnos

    Lógicamente, también nosotros debemos aprender a comunicarnos con los demás de esa manera. Porque si queremos recibir, antes debemos dar. Párate a pensar, ¿cuántas veces esta semana has preguntado a alguien cómo se siente?, ¿cuántas veces has hablado con alguien de sentimientos a lo largo del último mes?.

    Quizá seamos no sólo víctimas sino también verdugos. Nosotros mismos contribuimos a la soledad colectiva, desde el momento en que participamos de esa superficialidad y banalidad general que nos rodea.
    Así que, aquí está nuestro consejo:
    Practica la comunicación profunda. Podemos aprender a comunicarnos de una manera más personal y sin mostrar tanta indeferencia hacia otras personas. Es algo que podemos aprender, aunque en un principio nos resulte difícil. Y lo mejor es que es reversible, si lo das lo recibirás.
    Trata de entablar relaciones más íntimas con los demás, más de corazón. Interésate por ello, pregúntales cómo se están sintiendo. Los demás, también están necesitados de eso que tú necesitas, compañía. Quizá ayudando a otros a no estar solos es la mejor manera de decir adiós a nuestra propia soledad.